lunes, 30 de enero de 2012

EXAMENES!

Socorro!!!!! Estoy con examenes... ¿entonces que puñetas hago escribiendo ahora aqui? Pues distraerme un poco y apartar mi vista un rato de los pesados libros con monton de palabras que mi cerebro no hace más que mezclar.

De aqui en dos semanas no actualizaré más y tendré el blog "cerrado por examenes"

Y es algo que me duele, porque me encanta escribir aqui todos los dias (o los q puedo) un pedacito de mis pensamientos y compartirlo con el mundo, y querer creer que asi hago un poco más feliz a los que me leen.

Porque mi blog no es solo de Psicología, mi blog es sobre las cosas cotidianas que nos pasan en la vida y no me refiero a mi vida, sino a todas las vidas que recorren este planeta. Quiero llamarle "TEMAS UNIVERSALES"

Porque todos alguna vez en nuestras vidas hemos pasado por el estres de los exámenes y todos (o casi todos) el dia antes nos volvíamos locos por chapar todo lo que no habiamos chapado en dos semanas.

Y todos alguna vez en nuestra vida de estudiantes hemos despertado en mitad de la noche porque habiamos soñado que llegabamos tarde al examen por perder el autobus o quedarnos dormidos o que suspendian el examen por alguna catastrofe natural o que el profesor se olvidaba o... cuantas esperanzas frustradas!!!

Que locura! Una noche entera antes del examen haciendo chuletas que al día siguiente no usabas, porque milagrosamente ¡Te acordabas de lo que habías escrito en ellas! o no... (por que no habré estudiado?????)

Cierto es tambien que estan todos los que hacian lo contrario, chapaban y chapaban durante dos semanas antes, incluso 3, llevaban todo al día y el día antes del examen los encontrabas de paseo por el parque con sus amigos (si, tu tambien estabas de paseo, porque, total, ibas a hacer chuletas por la noche...) y el dia del examen los que no habiamos estudiado o no nos diera tiempo de prepararlo, tramabamos un plan maquiavelico para cambiar el examen y ponerlo dentro de una semana... pero claro, los que si lo llevaban al dia, habia estudiado... no, ellos querian el examen ese dia... MALDITOS!  xD

En fin, que todos lo hemos vivido, todos lo hemos pasado y todos hemos querido dejar de estudiar para poder decir: Bufff es que estudiar es lo peor que hay! Pero cuando dejas de estudiar dices: bufff pero que bien se vivia siendo estudiante!


Que tengais un buen día y buen comienzo de Febrero!!!

MARTA

sábado, 28 de enero de 2012

Batallando con mis rarezas.

MI COLECCIÓN DE CHAPAS
Hola, aqui estoy una vez más. Hoy esta siendo un dia extraño, asi que hoy, quiero compartirlo con vosotros y que asi, podais ir conociendome un poquito mejor.

Bueno, no se si os ha pasado alguna vez, pero esta mañana, nada más despertar, mi cabeza daba vueltas en la almohada y mi habitación entera parecia que giraba en sentido contrario (y no, no era la resaca, llevo mucho tiempo con la ley seca a mis espalda, mi higado me lo agradece y mis neuronas tambien).

El caso es que, me levante y fui a desayunar y le comente a mi señora madre lo que me habia sucedido, a lo que ella respondio con un total y absoluto: TE LO DIJE.

Debe ser la frase universal de la guía para padres y madres modernos y no tan modernos.

Total, que mi cabeza comenzo a divagar... ¿que fue lo que me dijo? Me dice siempre tantas cosas!! Que si el gato me da alergia, que ordene mi habitación que con tanto polvo voy a morir un dia ahi enterrada, que baje la ropa para lavar... en fin, un sin fin de "frases de madre" y claro esta el universal, YA TE LO DIJE.

Como se percató de que mi cabeza no daba para más y debia de estar saliendo humo por mis orejas me dijo: Te dije que tiraras esas "corcholatas" y esa colección inutil de llaveros que tienes, que no hacen más que generar polvo inutil (como si el polvo fuese util!)
A lo que le conteste: ¿que tiene eso que ver con que me haya despertado mareada?

A lo que me salta: Pues, claro que tiene que ver, estas tan ahogada en el polvo que despiertas sin oxigeno en el cerebro y te mareas.

Cuanto me sorprendes mamá! ¿Como se le ha ocurrido semejante excusa  para hacerme tirar mi preciada colección de chapas de botellas y mis llaveros, son, además de mis preciados comics, las cosas que más significado tienen en mi habitación!

Todavia recuerdo cuando comence a rescatar chapas intactas. Si, fue cuando trabajaba en el bar de mis padres... Me propuse coleccionar tantas chapas como fuesen posibles y cada una diferente, claro, sino no tiene gracia. Pues mi madre sigue pensando que es una perdida de tiempo y puede que tenga razón... al final dentro de 30 años cuando terminen en la basura, me dira: TE LO DIJE.
MI COLECCION DE CHAPAS

Si, señoras y señores... este es mi dia raro... normalmente me levanto con una sonrisa y mi madre y yo terminamos desayunando hablando en ingles... pero hoy, fue un día extraño...

Un saludo bloggeros!!

MARTA

viernes, 27 de enero de 2012

EL INOCENTE ALMOHADON DE PLUMAS

Hola!!!

Por fin consigo tener un momento para actualizar. Hoy quiero hacerlo con una historia que lei una vez en mi clase de litaratura en el instituto. "EL ALMOHADÓN DE PLUMA" de Horacio Quiroga.

Puedo aseguraros que es uno de los cuentos que más me impacto y que me tuvo enganchada hasta el final, los que lo conoceis, seguramente concidireis conmigo en que es un relato que te engancha y te deja los sentidos a flor de piel y ciertamente, desde el momento en el que terminas de leerlo, nunca más volverás a mirar un almohadon de plumas de la misma manera, al menos, a mi me sucedio asi.

Aqui la teneis:

EL ALMOHADÓN DE PLUMAS de Horacio Quiroga.

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter
duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin
embargo, aunque a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de
noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán,
mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a
conocer.


Durante tres meses –se habían casado en abril–, vivieron una dicha especial.
Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor; más
expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía
siempre.


–La casa en que vivían influía no poco en sus estremecimientos. La blancura
del patio silencioso –frisos, columnas y estatuas de mármol –producía una otoñal
impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve
rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al
cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un
largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.


En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. Había concluído, no
obstante, por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la
casa hostil sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.


No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se
arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde
pudo salir al jardín apoyada en el brazo de su marido. Miraba indiferente a uno y
otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó muy lento la mano por la
cabeza, y Alicia rompió enseguida en sollozos, echándole los brazos al cuello.
Lloró largamente, todo su espanto callado, redoblando el llanto a la más leve
caricia de Jordán. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato
escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar una palabra.


Fue ése el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció
desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole
calma y descanso absolutos.


–No sé– le dijo a Jordán en la puerta de calle–.Tiene una gran debilidad que
no me explico. Y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme
enseguida.


Al día siguiente Alicia amanecía peor. Hubo consulta. Constatóse una
anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más
desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba
con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el
menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz
encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación.
La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su
mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante en cada extremo a
mirar a su mujer.


Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio,
y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos
desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del
respaldo de la cama. Una noche quedó de repente con los ojos fijos. Al rato abrió
la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.


–¡Jordán! ¡Jordán!–clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia lanzó un alarido de
horror.
–¡Soy yo, Alicia, Soy yo!


Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de
largo rato de estupefacta confrontación, volvió en sí. Sonrió y tomó entre las suyas
la mano de su marido, acariciándola por media hora temblando.
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide apoyado en la
alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.


Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se
acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo.
En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban,
pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio, y
siguieron al comedor.


–Pst... – se encogió de hombros desalentado el médico de cabecera –. Es un
caso inexplicable... Poco hay que hacer...
–¡Sólo eso me faltaba!– resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la
mesa.


Alicia fue extinguiéndose en subdelirio de anemia, agravado de tarde, pero
que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su
enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi.
Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de
sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama
con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la
abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama,
ni aun que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaban
ahora en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama, y trepaban
dificultosamente por la colcha.


Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media
voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En
el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de
la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Jordán.


Alicia murió, por fin. La sirvienta, cuando entró después a deshacer la cama,
sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.


–¡Señor! –llamó a Jordán en voz baja–. En el almohadón hay manchas que
parecen de sangre.


Jordán se acercó rápidamente y se dobló sobre aquél. Efectivamente, sobre
la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían
manchitas oscuras.


–Parecen picaduras –murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil
observación.


–Levántelo a la luz –le dijo Jordán.


La sirvienta lo levantó; pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a
aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le
erizaban.


–¿Qué hay? –murmuró con la voz ronca.


–Pesa mucho –articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.


Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la
mesa del comedor Jordán corto funda y envoltura de un tajo. Las plumas
superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horro con toda la boca abierta,
levándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas,
moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola
viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.


Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado
sigilosamente su boca –su trompa, mejor dicho– a las sienes de aquélla,
chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del
almohadón sin duda había impedido al principio su desarrollo: pero desde que la
joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches,
había el monstruo vaciado a Alicia.


Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir
en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles
particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.



Si... ¿da miedo eh? Sobre todo esa parte final en la que explica eso de los parasitos de las aves, supongo que para intentar dar más miedo añade este "hecho cientifico" al cuento.

Sin duda, uno de mis cuentos de terror preferidos.




Espero que os haya gustado!


Un saludo!!


MARTA