jueves, 22 de junio de 2017

Miércoles

Eráse una vez que sea era un miércoles maldito.
Aquel día, como otro cualquiera, se levantó de la cama y fue al baño como todas las mañanas. 
Tras abrir la puerta de la habitación un torrente de agua le empapó hasta las rodillas y su semblante de buenos días se tornó rojo de ira. Su pie izquierdo fue el primero en dar el paso hacia el caos del baño,  que una vez más había decidido declararse en rebeldía y sacar de quicio a la inquilina de su humilde hogar.
Tras decidir que hacer sus necesidades básicas habían dejado de ser una prioridad en ese momento,  se dispuso a intentar achicar el agua que se había abierto paso por toda la estancia. 
Al menos no he necesitado mi equipo de snorquel,  pensó tras terminar de escurrir la fregona,  que presumía de ser ultra absorbente. Dejó a su amiga tras la batalla y casi pudo escucharla suspirar tras la tediosa faena. 
Bien,  ya podía empezar el día en el baño como le gustaba. Desayunar,  leer las noticias del día y… ¡maldita sea! ¿otra vez?
Sus pupilas dilatadas miraban hacia la puerta del baño mientras veía como el vater asomaba provocativamente un hilillo de agua como la pierna de una stripper en un show erótico.  
Allí estaban otra vez la fregona y ella danzando mientras dejaban el suelo como una patena. Fregona tragaba tanto líquido que estaba ya tan ebria y pesada que era imposible sostenerla. 
Tras estar varias horas detrás de la rebeldía de su baño y compadeciendose de la fregona, decidió llamar a un fontanero y poner fin de una vez a la incontinencia de su vater. 
Martasky

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